La Tercera Edad - Enfermedades Geriátricas

 
 
 

 
 
 

Enfermedades Geriátricas

   
  Las claves en el cuidado de un perro de más de siete años son prever o retrasar el inicio de alguna enfermedad, identificar posibles problemas existentes o factores de riesgo que facilitan la aparición de alguna lesión.
   

 AL MENOR SINTOMA
     

Los avances en la veterinaria han demostrado que muchas de las lesiones que las mascotas paceden son devidas exclusivamente a la propia edad del animal y cuyo tratamiento apenas si da resultado. En cambio, otras muchas, aunque tengan una mayor incidencia en los canes que han cumplido cierta edad, se deben tratar cuanto antes, puesto que son perfectamente curables independientemente de la edad del perro.

Por eso, cuando un perro alcanza la edad de seis-ocho años es imprescindible la visita periódica al veterinario, si no frecuentemente sí al menos ante cualquier síntoma alarmante, puesto que es el más capacitado para determinar si este cambio es sólo una merma en la capacidad general del individuo o el síntoma de una enfermedad que requiera tratamiento.

       
 

 TRASTORNOS MAS FRECUENTES
     

Algunas facultades que disminuyen con la edad son el oído, la vista, el olfato...; a su vez, la mayoría de los perros ancianos padecen algún tipo de disfunción odontológica, como exceso de sarro, pérdida de alguna pieza dentaria, etc.

       
   Vista
     

Aunque la afección más frecuente y que produce ceguera es la aparición de cataratas (opacidad del cristalino) existen otras enfermedades de especial incidencia en perros ancianos, como papilomas o pequeñas verrugas en el borde de los párpados, quistes en las glándulas lagrimales, pigmentación corneal (su tratamiento tiene un elevado índice de éxito), glaucoma y desprendimiento de retina.

       
   Oído
     

El desgaste de las distintas partes del oído interno puede ser una de las causas de pérdida auditiva en los perros seniles. Normalmente se aprecia esta disminución porque no reacciona frente a sonidos fuertes, como un portazo o un silbido. Si la pérdida de la facultad auditiva tiene su origen en la inflamación del oído externo su tratamiento tiene un mejor pronóstico.

       
   Olfato
     

La pérdida del olfato se puede generar tras una infección de origen bacteriano, vírico o fúngico, así como por un traumatismo o la introducción de un cuerpo extraño. Su tratamiento suele tener un buen pronóstico dado que existe una causa subyacente.

       
   Gusto
     

La lesión más frecuente que afecta al sentido del gusto es la aparición de tumores de variada etiología, por lo que su tratamiento y pronóstico sólo puede determinarlos el veterinario. Como ejemplo, unas heridas en la lengua pueden reflejar estados avanzados de insuficiencia renal.

       
   Obesidad
     

El hecho de que la mayoría de los ejemplares considerados ancianos tiendan a la obesidad se debe a que en su mayoría siguen alimentándose como siempre a pesar de no realizar tanto ejercicio y perder masa muscular. Dado que esta enfermedad puede tener serios efectos en los sistemas cardíaco y óseo o influir en la aparición de diabetes mellitus, es imprescindible controlar la alimentación.

       
   Tumor mamario
     

Esta afección es la más frecuente dentro de todas las tumorales que afectan a las hembras sobre todo que tienen al menos ocho-nueve años, alcanza el 40 por ciento. La mitad de los tumores de mama son benignos y existen muy pocas probabilidades de padecimiento si la perra es esterilizada antes de tener su primer ciclo estral, aunque los estudios indican que la incidencia se mantiene muy baja en el caso de que se proceda a la esterilización entre el primer y el segundo celo.

Cuando el tumor mamario es maligno suele tratarse de carcinomas, cuya principal característica es que metastatizan el cuerpo del animal, sobre todo hacia el sistema linfático regional. Según el órgano hacia el que haya emigrado dará un tipo de síntoma u otro, puesto que el carcinoma en sí no altera la salud si no alcanza órganos funcionales.

       
   Nota
     

La expectativa de vida canina oscila entre los ocho y los quince años; sin embargo se conoce el caso de un perro que llegó a cumplir veintinueve años.