Voy a romper una lanza

 
 
 

 
 
 

Antonio Pozuelos
   
 

Si ustedes observan, en estos años que llevo escribiendo artículos de Etología aplicada, siempre me refiero a individuos de la especie canina a los que parece que les falta el factor racial. Los protagonistas de los artículos que les dedico se llaman Truco el macho y Kika la hembra pero, les dejo a ustedes que pongan apellido al nombre que yo les doy. Trato de esa forma de que los conceptos que vierto en el artículo, le sean de aplicación tanto al que tiene un Truco Akita americano como al de una Kika Caniche.

 

Ustedes saben, por otro lado, que he dejado constancia en uno de los últimos artículos, de que la Neotenia ha convertido a la forma salvaje en más de 600 razas distintas con sus consecuentes cambios psicomorfológicos. Tengo un ex-alumno y excelente amigo que me decía que entre dos de sus perros existía la misma diferencia de inteligencia que entre la de un nabo y la del físico Einstein. Realmente tiene en su casa a representantes de las razas más dispares que hayamos podido obtener por selección artificial. Hay adiestradores que con perros de la raza “X” consiguen un buen adiestramiento en el que incluyen más de diez comandos y que con los de la raza “Y” se aburren, no obtienen más de 4 y dicen al dueño que tienen que cobrarle el doble. Realmente eso es lo que hemos conseguido con nuestra temible selección artificial.

Hasta ahora les he hablado de un anónimo Truco o de una Kika imposible de encuadrar en ningún patrón estándar pero, cuando escribía los artículos tenía al principio y como “asesores raciales” a una desagradable e irascible medio grifona y al final, a mi querido y viejo Pastor alemán, Roco. Ellos eran los protagonistas de unos comportamientos medios, de perros medios y pertenecientes a dueños medios. Ellos eran los que me inspiraron porque, como ustedes saben, yo me fio más de lo que investigo y observo que de lo que se escribe en los libros hechos para venderse como rosquillas.

Creo haberles dicho que cuando busquen un buen libro de perros, huyan de esos  que definen a cualquier raza como extraordinaria para todo, de razas cuyos individuos son amantes de los niños, inteligentísimos, limpios, resistentes a las enfermedades, trabajadores, fáciles de adiestrar y longevos. Les puedo asegurar que no es que exageren “un poquito” sino que simplemente, mienten. Por culpa de esos “tratados” nos encontramos perros norteños, seleccionados para arrastrar trineos y aguantar bajas temperaturas, encerrados en apartamentos del Sur de España, con 40 grados a la sombra y con la boca más abierta que las puertas del cielo. O lo que es peor, perros ingleses seleccionados para actuar solos en las madrigueras, como juguete de nuestros niños.

Huyan también de aquellos libros escritos por personas supuestamente doctas en la materia donde se exponen listas de razas por orden de inteligencia porque, como ustedes saben, si es difícil definir y medir la inteligencia humana, más complejo será hacerlo con la del perro. Además, estos libros no detallan los resultados de unos trabajos comparativos o experimentales sino los resultados de encuestas hechas a dueños y adiestradores sujetas a todo tipo de opiniones totalmente subjetivas. Imagínese que le preguntan a usted por su niño o por su perro......¡Qué les va a decir!...Qué su niño es guapísimo y su perro listo como el hambre aunque este sea más torpe que Tacón y aquel más feo que un mono.

Evidentemente hay trabajos muy buenos y realizados por expertos donde se tratan cualidades mensurables como la capacidad exploratoria, la facilidad de recuperación del estrés o la capacidad de adquisición de aprendizaje súbito. Estos trabajos desgraciadamente, y salvo gloriosas excepciones, no se publican como divulgación científica sino en revistas muy especializadas y fuera del alcance del público medio que seguirá eligiendo a su perro a tenor de lo que le cuente su cuñado o lo que lea en el libro: “Todos los perros son buenos”.

A lo largo de años de estudio y convivencia con esta especie he conseguido hacer con las razas lo que uno de mis profesores de campo me enseñó hacer con las setas: conocer muchas pero coger muy pocas.  Si ustedes siguen este consejo, ni se equivocarán eligiendo perro ni acabarán envenenados en Urgencias.

Partiendo de la base de que usted ya tendrá una raza preferida o incluso un cruce preferido, les voy a dar mi parecer sobre la raza que, con total subjetividad, cumple con esa premisa utópica que se vende en libros de quiosco; es “casi” buena en todo. Me refiero, como es lógico, al Pastor alemán. Tengo que insistir en que esta apreciación mía es totalmente subjetiva y debo aclarar además, que nadie me paga por hacer propaganda de esta raza, que hablo de ella porque me desbravé con un Pastor alemán argentino de nombre Sigfrid, descendiente de un excelente ejemplar de una excelente criadora llamada Rosa Taragano, que también mis últimos quince perros han pertenecido a esta raza y que sus individuos  me han dado muy poca guerra en mi consulta de comportamiento.

Rompo una lanza por el Pastor alemán en un momento en el que ya hay razas que le hacen sombra en parcelas hasta ahora exclusivas. La rompo por un perro que desgraciadamente ya no es lo que era hace treinta años aunque afortunadamente aún se encuentren ejemplares que nos recuerden a aquel que crió  un capitán de la caballería alemana. Rompo una lanza por mi Pastor Roco que me dio todo lo que le pedí e incluso, lo que le pedí a Sigfrid.

Por supuesto nuestro buen perro de pastor no es responsable de los desastres genéticos que, en aras de la innovación morfológica se han llevado a cabo. No es responsable de cruces calamitosos, ni de la ignorancia de algunos criadores que lo único que han optimizado es el número de cachorros que podían sacar al mercado. La única  responsabilidad de nuestro buen Pastor es el ser el más vendido durante décadas. Todos sabemos que cuando algo se pone de moda, hasta los criadores de gusanos de seda se vuelven expertos en la cría de ese “producto”. Si a ello unimos la desidia, cuando no las ganas de medrar, de los que teóricamente son los garantes de la raza, nos encontramos con un perro sombra de lo que fue y del que afortunadamente aún se encuentran algunos muy buenos ejemplares.

Si estudiamos la heredabilidad de la conducta en el perro doméstico veremos que hay un factor peligroso que se hereda con toda facilidad, que se corre como el fuego y se extiende de generación en generación. Me refiero al factor miedo. Además, este factor engloba características tan indeseables como la cobardía, hiperactividad, hiperquinesis, emocionalidad alta, tendencia a las fobias ontogenéticas, fobias innatas,  mala capacidad de aprendizaje súbito y más caracteres que disminuyen tremendamente la valía del animal.

Parece, por tanto, que el criar y dirigir la cría requiere de cierta preparación académica que al parecer no ha existido entre los criadores de la década pasada. También parece ser que para criar tomates transgénicos es necesaria la presencia de un  genetista que se responsabilice de la producción. Pero, eso sí, para criar a un animal que el día de mañana puede ser el amigo de nuestro hijo (o su verdugo) solo hace falta tener un afijo que se compra por pocos euros, empujar para que suba en  las ventas el criador que nos introduce en ese mundillo y engatusar a unos cuantos neófitos para que nos suban a  nosotros al siguiente escalón de la pirámide.

Para ello se utilizan “palabros” tales como: “Sustancia genética”,  “Hipertransmisión” o “Sangre limpia”, palabros que hacen creer al novato que el que habla ha estudiado Etología y Genética en la Sorbona.

Mi buen padre solía decir que el numero de tontos es infinito. Yo, más moderado, opino que en cualquier especie existen unos cuantos ejemplares que cumplirían totalmente el patrón de lo que en la nuestra llamaríamos “tonto”. Pues bien, ese número desgraciadamente en la raza Pastor alemán se ha multiplicado exponencialmente en los últimos años además de los que disfrutan la lacra del factor miedo.

Me agrada muchísimo observar a personas con inquietudes que estudian Genética,  Etología, Cría, Nutrición y otras disciplinas antes de acometer la aventura de criar perros. Leo, releo y aprendo de criadores de la categoría de mi amiga Cristina de Lima Netto. Me encantan  aquellos futuros criadores que requieren de su veterinario los consejos que le permitan emprender la marcha con algo de bagaje. Admiro a los que hacen de la cría una profesión digna en la que la base sea la preparación y la ética. Apoyaré siempre a los directivos de los clubes que se hagan asesorar por  expertos en conducta y biosanidad en vez de por especialistas en finanzas. Seguiré fiel y enamorado de la raza de mis mejores perros aunque, hoy por hoy, tenga que romper una lanza por ella.